sábado, 26 de junio de 2010

Improbabilidad...

La improbabilidad duele menos y deja un resquicio a la esperanza...a la ética.
Lo improbable es por definición probable, lo que es casi seguro que no pase...puede acabar pasando.
Mientras haya una posibilidad o media posibilidad entre mil millones de que pase... valdrá la pena intentarlo.

viernes, 28 de mayo de 2010

·Silencio·



Silencio, esa fue la respuesta que recibí a todo mi dolor, a toda mi angustia, tú respondiste con un diáfano silencio que me hace reflexionar y evadirme de este mundo por un instante.
Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver, ojala estuviese ciega para no ver cómo te alejas de mi a cada segundo, ojala estuviera ciega para no ver como todo lo que he luchado por ti no ha servido de nada, ojala estuviera ciega para no ver como tú no luchas por algo por lo que yo he luchado tanto tiempo, para no ver como yo me quedo sin fuerzas y espero que seas mi relevo en esta lucha…pero tú nunca no lo eres.
Las decepciones nunca vienen solas, siempre vienen unas detrás de otras y solo nos queda esperar a que llegue el fin de una para esperar el inicio de otra, es como un ciclo vicioso al que no se puede escapar ¿O quizás si?
Nunca esperas que las personas que más queremos, las personas que más amamos nos decepcionen, pero la vida es complicada, nunca sabes de quien será o cuando vendrán, pero al final llegan y te sorprendes tanto, es tan difícil de asimilar ese dolor, que no sabes cómo reaccionar, todo tu cuerpo se tensa, notas las palpitaciones de tu corazón retumbando en tu cabeza y lo único que puedes hacer es respirar y escuchar el silencio.
Silencio, la respuesta a tanto daño, a tanta angustia, silencio bañado en lagrimas o silencio bañado en más y más silencio, esperas que cualquier sonido rompa ese silencio que se ha instalado en tu cabeza para siempre y que no puedes sacarte, esperas escuchar cualquier ruido, por imperceptible que sea, esperas que ese silencio tan incómodo se acabe y que el sonido vaya invadiendo poco a poco tus sentimientos, tus emociones.
El hombre por naturaleza es curioso, aunque muchos lo neguemos nos gusta curiosear y conocer detalles escabrosos, íntimos o simplemente detalles de la vida de los demás, de los que nos rodean.
Al hombre no le gusta el silencio, esconde algo detrás de él que nosotros no podemos averiguar, el silencio es como un tupido velo que nos impide ver que hay detrás de él, y eso nos desconcierta, nos hace estar intranquilos e incluso inseguros.
El silencio desconcierta al hombre más fuerte o al más débil, nos pone nerviosos y hace que cada músculo de nuestro cuerpo acabe tan tenso que nos duelan, a nadie le gusta obtener el silencio por respuesta, no nos gusta el silencio, no sabemos lo que esconde y en el fondo tampoco queremos saber que esconde, porque puede ser la cosa más bonita o la cosa más dolorosa.

“Silencio, ¿estás ahí?”

lunes, 10 de mayo de 2010

Tu pupila es azul.



Tu pupila es azul, y cuando ríes
Su claridad suave me recuerda
El trémulo fulgor de la mañana
Que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul y cuando lloras
Las transparentes lágrimas en ella
Se me figuran gotas de rocío
Sobre una violeta.

Tu pupila es azul y si en el fondo
Como un punto de luz radia una idea,
Me parece en el cielo de la tarde
Una perdida estrella.

XXI

¿Qué Es Poesía?


¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
En mi pupila tu pupila azul.

¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía eres tú.

martes, 27 de abril de 2010

Negro destino


Mirar al techo antes de levantarse se ha convertido en un gesto tan habitual que ni ella misma se sorprende cuando lo hace.

Se convierte en un momento de paz en el que lo único que quiere escuchar es su propia respiración, nada de golpes, nada de voces, nada de nada, tan solo su respiración, para sentir que después de todo sigue viva, que sigue respirando.

Estos momentos antes de comenzar el día son los que más valora, ella y su soledad, ambas tumbadas en una cama situada en una habitación en la que ha vivido momentos felices, donde ha vivido los peores momentos, una habitación donde se encerraba huyendo del miedo y del dolor, de las voces, de los golpes…

Durante doce años esta habitación se había convertido en su refugio, pero también en su cárcel.

Y es, tumbada en la cama de esa habitación y escuchando su respiración, cuando recuerda todo lo vivido y se aterra de lo que le queda por vivir.

Lo recuerda todo, cada palabra, cada mal gesto, cada mirada…

Lo recuerda todo igual que una novia recuerda el día de su boda, igual que las madres recuerdan la primera vez que tuvieron a sus hijos en brazos, lo recuerda todo tan claro que ella misma se asusta de esos recuerdos, de ese dolor.

Y le duele tanto recordar todo lo pasado que siente como se le acelera el pulso, como su cabeza empieza a llenarse de oscuridad y se deja llevar porque es demasiado temprano para empezar a luchar.

Ella siempre ha pensado que los hombres son como los pavos reales, para conquistarte muestran lo mejor de ellos, abren su bello plumaje mostrando con elegancia una infinita gama de colores intensos.

Se pavonean, y nunca mejor dicho, delante de ti, mostrándote una vida de felicidad y de intensos momentos, y nosotras débiles e ingenuas nos sentimos atraídas hacia esos colores, pensando que nuestro futuro será tan bello como las plumas de un pavo real.

Aunque claro está, una cosa es lo que imaginamos, y otra bien distinta, lo que es real, en muchos casos la realidad es esa, días felices, momentos intensos, miradas de amor, caricias, gestos, sonrisas…

Aunque en otros muchos, no todo es tan hermoso como las plumas de un pavo real.

Ella, ingenua igual que muchas mujeres, imaginaban que sus vidas serían felices y aunque al principio todo era más o menos feliz, con el tiempo se dieron cuenta de que sus vidas no serian lo esperado y al final, se dejarían llevar por el día a día.

Al principio todo es paz, tranquilidad y amor, poco a poco todo se va convirtiendo en algo un poco más negro.

Las discusiones tontas se arreglaban con un “no te enfades anda, que te pones muy fea”, luego pasaron a ser solucionadas con un “te quiero, siento haberte hecho daño”, para al final ser discusiones llenas de voces, golpes, insultos y dolor, ¿Y después?, después nada.

Su pulso empezaba a acelerarse, las hormigas comenzaban a trabajar por su barriga consiguiendo que su inquietud aumentara mucho más, pero no eran las hormigas las que hacían que su relajación matutina ser fuera al traste, sino el dolor del recuerdo.

Ahora para volver a relajarse, no le bastaría con el sonido de su, cada vez, menos tranquila respiración, ahora debería pensar en algo, pero ¿en qué?

Ella sabía perfectamente la respuesta, no necesitaba pensar mucho porque le hace sentir tan especial que le se pone el bello de punta de solo imaginarlo, de solo notar lo que le hace sentir el dolor se va y entra una pequeña dosis de felicidad que hace que su boca tome una forma parecida a una mueca, casi una sonrisa.

La música, un sueño que cada vez más se va convirtiendo en una realidad.

Notar como todo tu cuerpo se funde con el instrumento, como pasas de ser dos a ser solamente uno.

La fragilidad de tu cuerpo se convierte en fuerza y el dolor en amor, el sonido dulce y amable de su flauta hace que sonría de nuevo.

Tan dulce, tan suave, tan agradable que no dejaría de escucharlo nunca.

Todo su cuerpo se calma, las facciones de su cara se relajan y dejan ver la felicidad que siente en ese instante.

Todos los sentidos de su cuerpo están alerta, no quiere perderse ningún detalle de ese fantástico instante.

Le gusta el dulce sonido, el suave y a la vez frio tacto de su flauta, le gusta notar el aire saliendo de sus labios y el sube y baja de su diafragma.

Ella disfruta, se relaja y se deja llevar, deja que su imaginación vuele a otro mundo, a otra vida…

Nota como las yemas de sus dedos tocan el frio tacto de la flauta, y le gusta.

Sabe que no lo hace bien, que nunca llegará a ser la mejor y aunque eso le disgusta un poco, disfruta como si fuese un sonido perfecto, como si fuese el mejor sonido…

Dicen que la música amansa hasta a la más fiera de los animales, y así es, aunque su caso es bien distinto.

La música amansa el dolor que lleva dentro, esa angustia que le ahoga y no la deja apenas respirar.

Después de recordar por un instante la felicidad que siente al tocar su flauta abre los ojos y vuelve a la dura y cruel realidad, vuelve a su habitación, su refugio, su cárcel.

Abre los ojos y el golpe de la realidad es tan duro que tiene que cerrarlos de nuevo rápidamente.

Pero ya no sirve de nada, su falsa realidad, su mundo imaginario se ha esfumado y no volverá hasta el día siguiente, cuando tumbada encima de su cama, cierre los ojos y escuche su respiración y el intenso resonar de los latidos de su corazón en su pecho.

Y así, día tras día, ver pasar su vida, entre respiraciones, música, recuerdos y dolor, demasiado dolor.




Violeta Martín García.