
Silencio, esa fue la respuesta que recibí a todo mi dolor, a toda mi angustia, tú respondiste con un diáfano silencio que me hace reflexionar y evadirme de este mundo por un instante.
Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver, ojala estuviese ciega para no ver cómo te alejas de mi a cada segundo, ojala estuviera ciega para no ver como todo lo que he luchado por ti no ha servido de nada, ojala estuviera ciega para no ver como tú no luchas por algo por lo que yo he luchado tanto tiempo, para no ver como yo me quedo sin fuerzas y espero que seas mi relevo en esta lucha…pero tú nunca no lo eres.
Las decepciones nunca vienen solas, siempre vienen unas detrás de otras y solo nos queda esperar a que llegue el fin de una para esperar el inicio de otra, es como un ciclo vicioso al que no se puede escapar ¿O quizás si?
Nunca esperas que las personas que más queremos, las personas que más amamos nos decepcionen, pero la vida es complicada, nunca sabes de quien será o cuando vendrán, pero al final llegan y te sorprendes tanto, es tan difícil de asimilar ese dolor, que no sabes cómo reaccionar, todo tu cuerpo se tensa, notas las palpitaciones de tu corazón retumbando en tu cabeza y lo único que puedes hacer es respirar y escuchar el silencio.
Silencio, la respuesta a tanto daño, a tanta angustia, silencio bañado en lagrimas o silencio bañado en más y más silencio, esperas que cualquier sonido rompa ese silencio que se ha instalado en tu cabeza para siempre y que no puedes sacarte, esperas escuchar cualquier ruido, por imperceptible que sea, esperas que ese silencio tan incómodo se acabe y que el sonido vaya invadiendo poco a poco tus sentimientos, tus emociones.
El hombre por naturaleza es curioso, aunque muchos lo neguemos nos gusta curiosear y conocer detalles escabrosos, íntimos o simplemente detalles de la vida de los demás, de los que nos rodean.
Al hombre no le gusta el silencio, esconde algo detrás de él que nosotros no podemos averiguar, el silencio es como un tupido velo que nos impide ver que hay detrás de él, y eso nos desconcierta, nos hace estar intranquilos e incluso inseguros.
El silencio desconcierta al hombre más fuerte o al más débil, nos pone nerviosos y hace que cada músculo de nuestro cuerpo acabe tan tenso que nos duelan, a nadie le gusta obtener el silencio por respuesta, no nos gusta el silencio, no sabemos lo que esconde y en el fondo tampoco queremos saber que esconde, porque puede ser la cosa más bonita o la cosa más dolorosa.
“Silencio, ¿estás ahí?”
